Mochilas digitales: llover sobre mojado



La secretaria de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades, Montserrat Gomendio, ha abierto titular esta mañana en el Congreso de los Diputados, después de anunciar que los Presupuestos Generales del Estado para 2013 en materia educativa caerán un 17,2 % respecto a los del año anterior. Eso sí, para compensar la mala noticia ha contraatacado con un placebo: uno de los objetivos de su electrizante reforma será modernizar el sistema educativo a través de las TIC. No, no crean que ha hablado de cambios sustanciales en la metodología, readaptación de los planes de estudios en función de un nuevo modelo de aprendizaje, basado en la inclusividad, la participación y el constructivismo. No ha optado por contar con los docentes como principal capital del nuevo modelo. Nada de nada. Su plan se resume en cambiar un formato de contenido por otro. Ahí se acaba su concepto de reforma educativa. Un claro reacondicionamiento del sistema educativo a las necesidades del sector tecnológico. La conversión del Ministerio de Educación en una sucursal subordinada al Ministerio de Industria.

El objetivo -afirma Gomendio- es «avanzar hacia un nuevo modelo de material didáctico que permita sustituir el tradicional en soporte papel por lo que podemos llamar “la mochila digital”». En Extremadura este proyecto, ya existente en Andalucía y Galicia en su fase inicial, se llamará Scholarium. La mochila digital no es otra cosa que una dotación individualizada de portátil más software y libros digitales educativos prefabricados por empresas como Digital-Text. Nada más. La idea es sustituir progresivamente el uso del libro en papel por el digital. A ello contribuirán empresas del sector y la mejora del sistema de redes en los centros, vía Telefónica. Ya durante mi estancia en el Congreso Nacional "Contenidos Digitales Educativos" (mi crónica aquí) pude comprobar la linde que tomaba la liebre. Digital-Text me ofreció probar unos meses su servicio online Aula 2.0, que en caso de gustarme le costaría a cada alumno 35 € al año (hace un año me lo ofrecían por 10 € más). Entré en su web y lo probé. Además de ser escaso en materiales, los que tiene son pobres y de limitada interactividad. Los flujos de información son exiguos. Eso sí, permite que el profesor añada materiales y reforme algunos contenidos. Pero en una primera impresión he de decir que me decepcionó no poco. 

Si esto fuera el único problema. La reforma TIC del Ministerio se presenta desconectada de un plan profundo que reforme los métodos de enseñanza y reactive la formación en centros. Es fácil adivinar que la transición de un formato a otro no asegure, e incluso dificulte, la necesaria reforma metodológica en la que sí debiera estar asentada esta reforma.

Ya de por sí el propio libro digital presenta graves limitaciones, sobre todo si es tomado como el eje esencial de una reforma educativa. 

Primero. La lectura de textos. Leer en un ordenador es difícil después de unos minutos, la vista se cansa y la atención se dispersa. Un libro digital no puede ofrecer en ningún caso un entorno de aprendizaje que asegure la comprensión de los textos y su reinterpretación. Mucho menos una lectura sosegada y prolongada de los mismos. 

Segundo. No permiten una socialización del aprendizaje más allá de la interfaz digital. Hoy por hoy el único modelo de interactividad social en entornos digitales se reduce al ámbito de las redes sociales. El ordenador no permite la manipulación de objetos, el intercambio de información in situ, la comunicación verbal inmediata. El uso de libros digitales refuerza un modelo sedentario de aprendizaje.

Tercero. Permiten poca maleabilidad de contenidos y tareas, poca adaptación a los contextos reales de enseñanza-aprendizaje. Es evidente que con el tiempo estos libros digitales buscarán cómo aumentar el flujo de información entre el docente y el material prefabricado por las editoriales, a fin de que el profesor se convierta en un aliado perfecto para que estas empresas implementen su oferta y readapten los contenidos a las demandas generales de los usuarios. Pero no nos engañemos; el libro digital no es más que un libro con acceso a recursos multimedia y una cierta flexibilidad de interacción. Su capacidad de jugar con el entorno social en el que se mueve el alumno es escaso.

Cuarto. Hoy por hoy, y en mucho tiempo, visto el contexto económico en el que nos movemos, es de esperar que exista un desajuste social entre alumnos a la hora de acceder a estos nuevos recursos; no ya por la dificultad del formato (nula en cualquier caso), sino por su sostenibilidad económica y mantenimiento (de portátiles). No digamos ya en centros con alumnado de difícil desempeño. Si a esto añadimos que los técnicos informáticos es de esperar que en un año puedan ser reagrupados cada uno por zonas educativas y no por centros únicos, multiplica el engorro.

Cuarto. Los libros digitales fomentan el apoltronamiento y la reproducción de viejos modelos metodológicos en el profesorado, que apoyados en un formato de contenidos enlatado, no necesitarán readaptarlos a su entorno de aprendizaje. Una actitud similar a la que fomenta el libro de texto tradicional.

Sin una reforma profunda, más allá del recurso a la pirotecnia cortoplacista del acondicionamiento de los contenidos a las necesidades del sector tecnológico, estará lloviendo sobre mojado.  Quienes vemos día a día los límites y posibilidades didácticas de las TICs en el aula, sabemos que la implantación oficial de un modelo de contenidos embutidos por empresas ajenas a las necesidades reales del profesorado, no solo es insuficiente, sino incluso contraproducente, ya que genera expectativas de una reforma educativa en realidad ineficaces. Eso sí, luce muy bien el titular rutilante de una modernización escolar en tiempos de crisis. Placebo para incautos. 

El protagonista de la verdadera modernización de las aulas, de la adaptación real de las formas de enseñanza, es el docente de a pie, que de manera voluntaria y sin apoyo por parte de las instituciones (cuando no obstaculizan su labor), corta, pega, ensaya en ese infinito laboratorio que es el aula, cómo motivar en sus alumnos la curiosidad y las ganas de aprender. Existe una excelente generación de docentes TIC desaprovechada, en la que la Administración no pone el centro de una reforma necesaria, pero errada en forma y contenidos, que hace la cama a las empresas privadas, pero cuando se le habla de invertir en formación en centros, afirma sin despeinarse que eso es muy caro.

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