Móvil, sueño y desayuno: un proyecto de aula


Pincha aquí para descargar en mayor calidad el mapa visual.

Les he propuesto a mis alumnos de Psicología de 2º de Bachillerato que realicen encuestas con items que relacionen el uso del móvil, el sueño y el desayuno. Después de extraer los resultados, los han pasado a una presentación que han expuesto y analizado en clase. 

Después del análisis, les he propuesto también que vayan a las clases de ESO del instituto, expliquen su trabajo, expongan sus conclusiones y hagan reflexionar a los alumnos sobre este asunto.

Para la exposición les he ofrecido un timeline visual que recorre en un día los momentos más importantes del uso del móvil, desde que deciden irse a la cama hasta la tarde. Los alumnos pueden rellenarlo y así visualizar su forma de usar el móvil y reflexionar juntos sobre ello.

Con este proyecto, mis alumnos de Psicología:

- aplican contenidos del área a un contexto real y cercano,
- conocen y practican técnicas de psicometría,
- trabajan en equipo,
- practican la exposición oral,
- pierden el miedo a hablar en público,
- reflexionan acerca de las causas y consecuencias del uso del móvil sobre la salud
- y se ponen al servicio de sus compañeros de ESO.

Por ahora han tenido dos sesiones, con 3º y 4º de ESO. Esta semana evaluaremos la experiencia y revisaremos cómo mejorar la encuesta, la presentación y la exposición. 

Mis alumnos de 2º de Bachillerato no están acostumbrados a realizar este tipo de proyectos y se nota que deben fortalecer:

- las estrategias de trabajo colaborativo (reparto de tareas, gestión del tiempo, resolución de problemas durante el proceso),
- el análisis de datos estadísticos (relación entre dos o más items, análisis cualitativo de los datos obtenidos...),
- la exposición oral de contenidos (gestión del miedo, estrategias de expresión no verbal...)

Queremos ir la próxima semana al aula de 1º y 2º de ESO y a visitar a los alumnos de 6º de Primaria del colegio del barrio, el CEIP Fátima.

También tengo pensado poner en marcha el próximo curso un proyecto con padres de alumnos del centro para reflexionar acerca de este tema y buscar estrategias de gestión racional del uso del móvil en casa y en el instituto.

Os seguiré contando. 

¿Cambio educativo en Extremadura? No preguntes por saber...


Leo en la prensa regional el titular "La campaña ‘Cuidar la profesión docente’ arranca en Extremadura" y no puedo evitar ser escéptico respecto a la forma (que no al espíritu de la letra) en la que se ha articulado el proyecto extremeño para "mejorar la capacidad profesional del docente." El proyecto se concibe como un proceso voluntario, que comienza a modo de debate para después consensuar líneas que (intuyo) se convertirán en un texto reflexivo (no vinculante) para el resto de la comunidad educativa. Hasta aquí bien, aunque el debate venga prediseñado por la Administración (y nos escame la intención) y ya existan cientos de foros docentes de mayor alcance y calidad contrastada que ahondan en esta línea de trabajo desde una comprometida horizontalidad. Docentes hablando de la escuela, compartiendo incertidumbres y certezas variadas a través del reclamo de la Administración (que reconoce para los inscritos jugosos créditos en innovación). Nada que reprochar al hecho de provocar el diálogo, sobre todo si éste favorece el cambio en los centros y no sirve para autocomplacernos en el tolerancia del discurso. El tiempo lo dirá.

Caben dos escenarios plausibles (y decenas de atajos que conducen a ellos):

Uno. Que todo quede en agua de borrajas, tras mucha letra y poca acción, mucho postureo político que cubra titulares con la intención de que el respetable crea que algo se mueve en la Consejería (pero todo siga igual). De hecho, ya tenemos antecedentes del terreno estéril hacia donde conducen los intentos de impostar cambios cuando la Administración (sea cual sea su marchamo ideológico) realiza simulacros de este tipo. Palabras que se lleva el viento, pero lucen en prensa como voluntades que después quedan en nada. Y todo ello poniendo como premisa una supuesta voluntad de diálogo con la comunidad educativa. 

Dos. Que la Consejería transforme el texto reflexivo en la detonante de futuribles cambios vinculantes, en un progresivo libro rojo que vertebre el sistema educativo extremeño, pese a las limitaciones que impone el actual marco legislativo (léase LOMCE). Sin embargo, el profesorado estamos acostumbrados a la indefensión aprendida, a mucha palabrería y pocos hechos. No basta consultar a los profesores, no basta abrir veda reflexiva para que la voluntad se transforme en realidades palpables que afecten a la estructura curricular, a la organización de los centros, a la gestión de espacios y tiempos, a una profunda transformación del modelo de formación del profesorado, más allá de la cursillitis aguda y el acostumbrado voluntarismo de unos cuantos. 

A esto se suma que no muchos docentes apuestan, más allá de lo que impone la corrección política, por ese cambio. La innovación sustancial (no la que luce en revistas y congresos educativos con acto institucional previo) es rara avis en la escuela extremeña. La propia estructura del currículo, la configuración de las aulas, las formas de enseñanza, pese a la profusión de propuestas formativas sobre innovación, sigue siendo profundamente inmovilista. Y los pasos que se han dado a nivel institucional o de política educativa son mediocres, no se siente ni a leguas que algo se esté moviendo en el panorama educativo extremeño. Y si se empezara a gestar no duden que ese cambio implicaría tocar la médula de ancestrales inercias profesionales, cómodamente asentadas en la cultura de trabajo, empezando por altos cargos de la Consejería, jefes de servicio, asesores, equipos directivos, y terminando en la práctica diaria en el aula, poco acostumbrados a trabajar en red, de forma colaborativa y aplicando la divergencia como un valor añadido del cambio educativo.

No nos engañemos. El cambio ya está aquí, pero de la mano de una minoría resistente. La política educativa adopta ante esta minoría una actitud de laissez faire, de dejar hacer, pero sin apostar por hacer de ese capital humano el germen de un cambio integral que afecte a algo más que la epidermis del sistema. Es más, el voluntarismo de los llamados "docentes innovadores" se convierte con facilidad en una gratuita publicidad política a cambio de nada y en excusa perfecta para limitarse a permanecer en una eficaz apariencia de renovación. El cambio solo puede venir de una apuesta inquebrantable por reestructurar el modelo educativo, y que éste vaya vertebrado poco a poco la realidad. Lo demás son aguas templadas que favorecen la mediocridad política, anclada en el cortoplacismo (marcado por las urnas) y la instrumentalización de la innovación (las empresas editoriales y tecnológicas se frotan las manos), y que perpetúan rutinas de trabajo acomodaticias, alérgicas al cambio.

De ahí que permítanme mi escepticismo, pese a valorar a priori cualquier amago de diálogo como un ingrediente deseable, aunque claramente insuficiente. Como decía mi abuela: No preguntes por saber, que el tiempo te lo dirá, que no hay cosa mas bonita que el saber sin preguntar.

Programa de mejora de las Capacidades Profesionales Docentes de Extremadura




La Consejería de Educación de Extremadura ha publicado una instrucción en la que invita a los centros educativos a sumarse a lo que denominan "programa de mejora de las Capacidades Profesionales Docentes" (CPD). El programa pretende abrir la reflexión en los claustros acerca de los retos que le demandan la realidad de sus centros y arbitrar acciones compartidas que favorezcan planes de mejora, que afecten tanto a la intervención dentro del aula como a la implantación de proyectos de centro que potencien acciones compartidas por toda la comunidad educativa y construyan con el tiempo un portafolio de centro dinámico.

Esta instrucción en cierto modo marca un antes y un después en la política educativa extremeña, ya que en vez de poner el acento en la dotación tecnológica y en un modelo individualista de formación del profesorado, remarca la necesidad de centrar dicha formación en los propios centros educativos, en una reflexión-acción que nazca de la propia realidad de la comunidad educativa y su entorno social. Este giro de enfoque es ya loable y esperanzador por el hecho de ser planteado, más allá de los detalles mejorables de su diseño.


En principio, este programa tiene una aspiración modesta, pero necesaria si se quieren ir dando pasos hacia una transformación real de los centros educativos: abrir el debate en los centros acerca de la construcción de un portafolio compartido, es decir, observar cómo es nuestro centro, debilidades y fortalezas, demandas urgentes y posibilidades futuras, y todo ello bajo la voluntad de emprender juntos un proyecto de cambio que suponga implementar nuevas metodologías de aula y llevar a cabo programas integrales en función de las demandas observadas. Este proceso debiera culminar en un portafolio de centro (personal y transferible) que crezca y represente la voluntad de mejora de su claustro de docentes y que implique al resto de la comunidad educativa. 


Pero no quisiera limitar esta reflexión a las bondades de este programa; es necesario subrayar las que a mi juicio son sus debilidades más previsibles, a fin de ser conscientes de ellas y mitigarlas si es posible.


Empecemos por su evaluación, de la que poco o nada se apunta en la instrucción. Si un programa de mejora de centro se limita a invitar a una reflexión (reto por sí solo deseable), sin arbitrar un proceso que evalúe desde dentro y desde fuera dicha dinámica, está abocado a disiparse con el tiempo o a limitarse al acostumbrado voluntarismo de un puñado de docentes. En mi opinión, debió arbitrarse una fase previa en la que durante un curso completo el equipo directivo de los centros adscritos al programa y un coordinador, reconvertido en un rol esencial y vinculante en el proceso, se formen en los CPRs con ayuda de expertos en proyectos sólidos de centro y en nuevas metodologías de aula (a ser posible docentes y no agentes externos al sistema educativo). Esta fase previa permitiría aunar criterios de programa y crear una red previa de agentes de formación en centros, algo a día de hoy inexistente en Extremadura. Esta red facilitaría crear la argamasa previa que permita edificar un programa sostenible en el tiempo y fundado en la propia estructura del sistema, no como mero soporte formativo, temporal y ligado a créditos.


La presencia del representante de centro en el CPR y del Coordinador TIC es meramente anecdótica y residual, desaprovechada; ambos roles podrían ser unificados en la figura nuclear de lo que podríamos llamar Agente de Formación en Centros, que junto al Equipo Directivo dinamizaría el posterior proceso de mejora de su centro. La inexistencia de esta figura intermedia debilita gravemente la continuidad y solidez de un proyecto de centro perdurable en el tiempo y que realmente aporte mejoras sustanciales. Antes de emprender un programa que busque crear comunidades de aprendizaje en los centros, hay que apuntalar fuertemente la implicación emocional de sus protagonistas, y para ello debe asegurarse también que exista en cada centro un germen inicial, bien formado y con criterios claros y compartidos con el resto de centros. Esto hubiese permitido que este programa no sea una mera invitación voluntaria, sino un proyecto global de toda la comunidad educativa extremeña, vinculante, constructivo y permanente. 


Un programa autonómico de innovación y mejora permanente de centros educativos que aspire a cambiar rutinas pedagógicas y gestión de equipos docentes, tiempos, espacios, currículo y proyectos dentro de los centros, no debiera empezar arbitrándose bajo el modelo de instrucción ligada a horas de formación, como si fuese un mero curso innovador y nada más. Bajo este formato, la administración educativa no debe sorprenderse que este programa acabe siendo un mero capítulo formativo, sin proyección posterior en el futuro de los centros, o una forma más de conseguir suculentos créditos de formación diluidos en el anonimato de una formación colectiva.


Al igual que programas integrales como el bilingüismo se concibieron como un proyecto vinculante, que afecta de forma determinante a la estructura de los centros educativos, hasta tal punto que configura la plantilla de docentes y de alumnado, un programa de mejora de centros que aspire a crear y hacer crecer portafolios dinámicos, inclusivos y colaborativos debiera también determinar la organización de los centros y dotarlos de medios humanos, materiales y estructurales de forma contextualizada. 


Por eso, este "programa de mejora de las Capacidades Profesionales Docentes" me parece audaz y necesario, pero débil, poco sólido, si quiere aspirar a cambiar la cultura de gestión y los hábitos pedagógicos de los centros educativos extremeños. Todo docente y por extensión todo centro tiene deber y derecho a mejorar y hacerlo con garantías; es parte consustancial de nuestro oficio y un deber de las políticas educativas facilitarlo. Este reto es difícil que se consiga recurriendo al mero voluntarismo, sin ir dando pasos que cambien la estructura del sistema educativo, favoreciendo la innovación real y frenando el inmovilismo profesional. Cientos de docentes se apuntan cada año a cursos de formación en competencias de segunda lengua para aspirar a entrar en centros bilingües con programas de mejora. ¿Por qué no hacer lo mismo con los portafolios de centro que generan cambio real? ¿Por qué no incentivar la mejora estructural de los centros y hacerlo bajo un proceso de evaluación interna y externa serio, constructivo, que perdure? 


Este "programa de mejora de las Capacidades Profesionales Docentes" camina en la senda deseable de transformar la educación extremeña desde abajo, apostando por la formación en centros y devolviendo cierto liderazgo al Servicio de Innovación Educativa (frente al todopoderoso Servicio TIC), pero lo hace sin atreverse a convertirse en un plan integral de innovación que vaya marcando la senda del cambio y transforme estructuras, más allá de la amable invitación a formarse. No se puede construir una casa simplemente con ladrillos; hay que apuntalar tabiques y vigas antes de edificar y lucir.