Tercera sesión del taller de expresión corporal en 1º de Eso




Hace tiempo que tuvimos la tercera sesión del taller de expresión corporal, pero hasta ahora no he tenido tiempo para escribir una reseña. Así de liado ando. 

Podéis leer la reseña de las otras dos sesiones aquí: 



Ana Fernández, motor de estos talleres, pensó que para esta sesión había que bajar el nivel, empezar desde pequeños ejercicios que ayudaran a los alumnos a encontrar ese silencio y escucha a los que no están acostumbrados, y desde ahí ir subiendo. La segunda sesión fue dura y no conseguimos que los alumnos entraran en lo que se les pedía. Empezar desde abajo ha funcionado.

Para nuestra sorpresa, la sesión fue de lujo, con un comienzo impresionante. Los alumnos estuvieron 15 minutos relajados, en silencio y escuchando. Después conseguimos un grado de implicación más que aceptable. Y ya no se quejan. Se les pasaron las dos horas en un segundo.








Los ejercicios seguían centrados en la atención, la escucha y la confianza: relajarse, el ciego y el lazarillo, escribir mensajes en la espalda del de delante,... Pero nuestro objetivo no es solo practicar ejercicios, sino que sean conscientes también después de lo positivo de las emociones que generan estos momentos. Por eso, es necesario que también potenciemos desde el aula esta línea de trabajo. Ya solemos empezar la clase con pequeñas rutinas de mindfulness para ser conscientes de dónde estamos y qué objetivo tenemos en la hora de clase.

He pensado crear en el aula un panel de emociones y que los alumnos dibujen la suya cada día, al inicio y al final de cada sesión.





La próxima sesión reforzará lo ya trabajado y la siguiente será en exterior; saldremos a un espacio abierto de Badajoz.

Somos conscientes de que es un reto de combustión lenta y limitado. Por ejemplo, al volver del reciente puente los alumnos llegaron nerviosos y lo que has conseguido en semanas pasadas deben volver a lograrlo lentamente. A veces el entorno familiar es un agravante más que un apoyo. 

Pero estamos convencidos de la necesidad de estos talleres y de que desde clase, como docentes, seamos también conscientes de que la mejora de nuestros alumnos pasa por gestionar de forma equilibrada sus emociones. Voluntad no nos falta.

Por cierto, gracias, Ana Fernández. Sin ti esto sería más difícil.

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