Abuelo, cuando tenías mi edad...


En clase de Lengua llevo un buen tiempo intentando que mis alumnos de 1º de Eso terminen una tarea que consiste en crear un cuento ilustrado a partir de aquello que sus abuelos (o en su defecto, la persona más mayor de su familia) le cuenten de la época en la que tenían la edad de sus nietos. ¿Por qué llevo tanto tiempo con esta tarea? Porque a pesar de su aparente sencillez, realizarla requiere la puesta en marcha de una serie de hábitos y destrezas aún necesitadas de entrenamiento. 



La primera, seguir unas instrucciones básicas. Después, entrevistar a los abuelos y anotar lo que digan. Y por último, pasar las notas a un guión sencillo que se representará en forma de imágenes en un cuento editado en un papel en forma de cuadrícula. ¡Ahí es nada! ¿Fácil? Pues no. Por sí solas las instrucciones para doblar el papel me han llevado varios ratos de explicación en clase. Y no digamos intentar dar luz al cuento. Dobla aquí, pon la primera viñeta acá,...


¿Por qué perder tanto tiempo en estas cosas en una clase de Lengua? No es perder tiempo, sino ganarlo. El ejercicio de estas habilidades facilita el acceso al resto de aprendizajes. Requiere mucha paciencia, pero merece la pena. Y además, no se trata solo de doblar un papel. Esta tarea facilita múltiples aprendizajes, además de las ya descritas más arriba:

- Realizar una entrevista: reconocer y practicar formatos periodísticos, saber preguntar, saber escuchar, saber tomar notas, valorar el pasado y a las personas mayores, comunicarse entre generaciones.
- Realizar un cuento ilustrado: construir un guión secuenciado, pasarlo a viñetas también secuenciadas.

Y una vez terminado el cuento, lo están narrando oralmente ante la clase, utilizando descripciones (estamos haciendo muchas tareas que requieren utilizar adjetivos). Les pedí que describieran al protagonista de su cuento, que contaran una anécdota, que expresaran su forma de ver a su abuelo/a, tío, padre, madre... De la narración salieron muchos temas de debate, como las diferencias o parecidos en las costumbres entre la generación de sus abuelos y la de ellos (forma de jugar, comidas, el barrio,...)

El objetivo no es solo practicar ciertos formatos de lenguaje, sino también que éstos tuvieran una relación directa con su vida, que les ayudaran a reflexionar, a crear lazos con el pasado de su familia y a comunicarse con ellos de otra forma. Mientras estaban hablando de su familia, el resto de la clase estaba muy atenta, se sentían de alguna forma reflejados en lo que decía el compañero. Y de paso nos echamos unas risas, descubriendo lo mucho que nos parecemos a nuestros padres en algunas cosas, como ciertos gestos, manías, expresiones o formas de ser. 









































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